Si estar bien hidratado es algo necesario para un óptimo funcionamiento del organismo, cuando hablamos de actividad física se convierte en una prioridad máxima. Aunque no siempre se le otorga la importancia que realmente posee, los múltiples beneficios de estar bien hidratado residen no sólo en el interior de nuestro cuerpo, sino que también tienen un importante efecto sobre la condición física del deportista.

Aunque habitualmente se recomienda el consumo de dos o tres litros de agua diarios en el caso de un adulto, esta cantidad es sólo una referencia estándar y dependerá mucho de cada persona. Pero si de algo no hay duda es que durante un entrenamiento es básico hidratarse con agua o bebidas isotónicas no sólo para prevenir posibles malestares, sino también para aumentar el rendimiento deportivo.

Sigue leyendo y descubre algunos consejos para que conozcas mejor la importancia de hidratarse correctamente durante el entrenamiento:

  • Antes del entrenamiento: Hidratarse bien antes del entreno nos ayudará a empezar la actividad física con un margen para poder rendir a buen nivel. La cantidad de agua necesaria previa al entrenamiento dependerá de varios factores, aunque especialmente de la intensidad y duración de la actividad que se realice. Para entrenos estándares (de una hora y a un ritmo medio), beber un mínimo de medio litro de agua sería la cantidad óptima.
     
  • Durante el entrenamiento: Mantener la hidratación de forma constante durante el entreno es vital para reemplazar el sudor que se libera al realizar la actividad. Por poner algunos ejemplos, se estima que después de una hora de ciclismo, de futbol o de running pueden perderse entre 1,5 y 2 litros de agua. Es necesario ir bebiendo durante el entrenamiento, pero sin hacerlo de golpe y tomando grandes cantidades, sino más bien poco a poco (unos 200ml) cada 15 o 20 minutos.
     
  • Después del entrenamiento: Una vez finalizado el entreno, el proceso de rehidratación es igual de importante que el anterior. ¿La mejor manera de recuperarse? Además de recuperar energías con una comida sana que contenga las principales fuentes nutricionales (proteína y carbohidratos), una bebida con azúcares simples será perfecta para reponer todos los nutrientes consumidos durante el entrenamiento. Si eres de las personas que no suele tener mucho apetito justo después de entrenar, puedes probar con una ingesta líquida como un batido o yogurt acompañado de frutas y avena.


La hidratación, una cuestión de hábitos

Para llegar a consumir la cantidad de agua diaria recomendada (entre 2 y 3 litros) es muy conveniente que dicha agua provenga del consumo de alimentos como frutas, ensaladas y verduras, y, especialmente, de la ingesta de agua de forma directa. Para ser precisos, investigaciones realizadas por la OMS señalan que lo ideal es que el 80% de la hidratación diaria provenga del agua y el 20% de alimentos.

Dado que beber agua es fundamental para evitar síntomas de malestar, fatiga, dolor de cabeza o calambres musculares, por ejemplo, es recomendable acostumbrarse a beber agua frecuentemente, sin esperar a tener sed o beber mucha cantidad de golpe cuando la tenemos.

Y es que estar hidratado es esencial para la correcta actividad del organismo. Además, beber agua de forma frecuente ayuda a eliminar la retención de líquidos y a acelerar el metabolismo, lo que se traduce, también, en una mayor quema de calorías.