Sentir algunas molestias musculares tras una intensa sesión de entrenamiento es un hecho bastante común entre los deportistas.  El dolor físico que se siente tras hacer ejercicio recuerda el esfuerzo que se está realizando para mantener la forma y conseguir los objetivos marcados.

Sin embargo, cuando se trata de un dolor incómodo y más intenso de lo habitual que perdura en el tiempo e interfiere en las actividades diarias, es el momento de consultar a los expertos en fisioterapia para averiguar el origen de la molestia y cómo se puede paliarla.


El estiramiento muscular, clave para la recuperación

Para aliviar el dolor muscular después de practicar ejercicio físico es importante realizar estiramientos suaves para evitar posibles desgarres, masajear los músculos doloridos y descansar. Con los estiramientos suaves lograrás eliminar toxinas causadas por el dolor muscular y relajarás los músculos más afectados. Sin duda, la mejor defensa para mantener los músculos sanos después de un ejercicio físico.


¿Es mejor aplicar frío o calor?

El frío y el calor aplicados a una zona muscular dolorida calman y relajan, por ello son dos terapias bastante comunes para aliviar dolores musculares y articulares. No obstante, no se deben aplicar simultáneamente. Solo si el dolor es reciente, producido durante las primeras 48 horas, debes poner hielo en el músculo afectado. Con esta técnica lograrás desinflamar la zona, harás descender su temperatura y aliviarás progresivamente el dolor. Por otro lado, si el dolor persiste durante algunos días, conviene consultar un experto en fisioterapia para que revise la lesión y pueda llevar a cabo el tratamiento más indicado. En estos casos, la termoterapia o aplicar calor sobre la zona es una de las técnicas más eficaces para mejorar la circulación, aliviar el dolor muscular acumulado durante varios días y recuperar la movilidad muscular y articular.


Opta por una recuperación activa

El dolor muscular puede provocar que la persona no quiera moverse o practicar cualquier actividad. Pero, en estos casos, moverse es exactamente lo que el cuerpo necesita para recuperarse de forma más rápida. La recuperación activa está diseñada para ayudar al cuerpo a superar cualquier molestia que pueda desarrollarse después de una sesión intensa de entrenamiento. Y es que, a no ser que se trate de una lesión seria que impida a la persona realizar cualquier movimiento, la recuperación activa tiene muchas ventajas para aliviar el dolor muscular y recuperar la movilidad. Sesiones de yoga, Pilates, caminar o realizar ejercicios de bajo impacto son algunas de las opciones para poner en práctica la recuperación activa.


Prevenir mejor que curar

El dolor muscular puede ser parte normal de un entrenamiento, pero existen algunas prácticas que puedes seguir para prevenirlo. Mantener un estilo de vida saludable, siguiendo una alimentación equilibrada y realizando actividad física con regularidad, así como darle importancia al trabajo de estiramiento muscular y a los diferentes métodos de relajación, son una gran ayuda para fortalecer los músculos y mantenerlos en buen estado. La higiene postural también influye en las lesiones musculares: tomar consciencia de ello y corregir la postura corporal con ejercicios fáciles y prácticos es clave para la salud muscular y articular.