A la hora de hacer ejercicio nos fijamos mucho en el tipo de entrenamiento, las distancias recorridas, los porcentajes de grasa corporal, la alimentación, el peso ganado o perdido, pero ¿cómo saber si realmente estás en forma? Tu ritmo cardíaco tiene la respuesta y sólo él te dirá con exactitud cuál es tu condición física.
Si realmente quieres saber cuál es tu estado físico es importante medir tus frecuencias cardíacas antes, durante y después del ejercicio. esto te indicará si tu corazón está haciendo lo que debería y cuando debería. Es obvio que tu ritmo cardíaco cambia durante el ejercicio, pero ¿cuánto está cambiando? ¿son normales estos cambios? He aquí el quid de la cuestión:

ANTES DEL EJERCICIO

Antes de comenzar tu entrenamiento, asegúrate de estar relajado y prueba a hacer respiraciones profundas durante un par de minutos, así oxigenarás la sangre. Después, mide tu ritmo cardíaco en reposo y antes de hacer cualquier calentamiento o ejercicio.

DURANTE EL EJERCICIO

Registra tu ritmo cardíaco justo después de cada ejercicio de resistencia. Un error frecuente es pensar que no hay que medir la frecuencia cardíaca durante el entrenamiento con pesas porque es algo que se suele vincular sólo con salir a correr, pero te sorprendería lo que puede variar el ritmo cardiaco durante un entrenamiento de este tipo.

Algunas de las variables que debes medir durante el ejercicio, tanto para entrenamientos con pesas como para entrenamientos cardiovasculares son: la duración del entrenamiento, la frecuencia cardíaca media, la frecuencia cardíaca máxima, las calorías que has quemado, etc.

DESPUÉS DEL EJERCICIO

Hasta aquí puedes ver lo que está haciendo tu corazón antes y durante tus entrenamientos, pero ¿qué pasa cuando has acabado el ejercicio? Pues lo creas o no, es en ese momento donde vas a ver realmente tu estado de forma.

Por lo general, la frecuencia de un corazón sano comenzará a disminuir inmediatamente una vez que se haya terminado el ejercicio. Lo primero que tienes que hacer después de tus entrenamientos es lo mismo que antes de empezar: Siéntate, respira profundamente, relájate y despeja tu mente durante unos minutos, y luego mira tu ritmo cardíaco. Así obtendrás otra variable que no tenías antes y que podrás compararla con las variables durante el ejercicio.

CUANDO NO TE ESTÁS EJERCITANDO

¿Y qué pasa cuando no estás entrenando? Pues sí, también necesitas hacer un seguimiento de tu ritmo cardíaco. Esto rara vez se hace, pero también es un buen indicador de tu forma física.

Elige un día para llevar el pulsómetro desde el momento en que te levantas hasta el momento que vuelves a casa del trabajo. Además de las mismas lecturas que obtienes cuando haces ejercicio, puedes ver cuántos pasos has dado, las calorías que has quemado a lo largo del día e incluso ver si has cumplido con tus objetivos de actividad física durante el día. Así puedes controlar su ritmo cardíaco en el trabajo, después de comer, en momentos de estrés y en cualquier otro momento del día.

TU FRECUENCIA CARDÍACA CUANDO ESTÁS DORMIDO

El sueño es el momento de recuperación para tu cuerpo y por ende para tu corazón, por eso también es importante monitorearlo. No sólo para ver si realmente duermes bien o mal sino para comparar las lecturas con los registros de antes y después de tus entrenamientos.

CONOCE TU CORAZÓN

Ten en cuenta que tu frecuencia cardíaca dependerá de la edad, el tipo de ejercicio que hagas, los objetivos de tu entrenamiento, etc. Por eso es importante consultar con tu médico y hacer caso siempre a sus recomendaciones.

Y recuerda, tener un cuerpo bonito es una cosa, ¡pero tener un corazón fuerte y saludable lo es TODO!